Para muchísima gente, entre la que me incluyo, la última acción del día no es apagar la luz, es darle al play.
Es como un acto reflejo que se repite los 365 días del año (vacaciones incluidas). Que suene algo, por favor, lo que sea. Un disco de los Smiths, una conferencia de Gustavo Bueno, un documental de «Al filo de lo imposible», un podcast de un expresidiario, hondas binaurales, una meditación zen guiada, una ponencia sobre física cuántica…¡lo que sea!
Si te reconoces en este ritual, que sepas que no somos bichos raros. Según el estudio Sounds of sleep realizado por Acast, una de las principales plataformas tecnológicas de podcasting a nivel mundial, casi la mitad de la Generación Z, un 41% de los Millennials, incluso un 40% de la Generación X, hacen lo mismo. Esto ya no es una manía individual, es la costumbre de un tiempo que se queja del ruido y, al mismo tiempo, no soporta el silencio.
Pero, ¿de qué huimos exactamente? La respuesta es muy simple: huimos de nosotros mismos. ¿Sorpresa?
Durante el día, nos quejamos del ruido: de la ciudad, del trabajo, de las notificaciones, de las redes, de los medios…somos las víctimas de una batalla global por la atención en la que cada segundo cuenta, porque vale dinero, concretamente el nuestro. Pero por la noche, cuando ese ruido externo se apaga…¡boom! se enciende el altavoz de dentro. Y por ese altavoz empieza a sonar todo lo que durante el día tratamos de silenciar: el momento cringe de la reunión, la metedura de pata con un amigo, esa preocupación que llevamos semanas arrastrando y que ya resolveremos la semana que viene…
Y es que el silencio actúa como un espejo implacable.
Y casi nunca nos gusta la imagen que nos devuelve. Por eso, ese play no es solo un botón para «poner ruido». Es una estrategia de supervivencia. Es encender una luz para no tener que enfrentarnos a oscuras con nuestros propios fantasmas. Las voces ajenas de un podcast, un disco un millón y medio de veces escuchado… se convierten en una especie de manta sonora. Una nana que nos envuelve, nos dice que todo está bajo control, que no estamos solos. Ahogando ese otro «ruido», el que de verdad no queremos escuchar, el de nuestra propia conciencia.
Y en un mundo donde a menudo sentimos que no tenemos control sobre casi nada, elegir qué escuchar antes de dormir es nuestro último acto de soberanía. Es la pequeña burbuja que creamos, nuestro ritual personal para decirle al cerebro: «Todo está bien». Un espacio seguro, predecible, que nos aísla del caos de fuera y, sobre todo, del caos de dentro.
Y ojo, no se trata de juzgar si esto es bueno o malo. Es, sencillamente poner sobre la mesa, otro síntoma más de la vida que llevamos, moviéndonos, medio zombies, entre nuestra profunda necesidad de huir de nosotros mismos y al mismo tiempo, de sentirnos acompañados. Y ya para terminar, os dejo esta pregunta para que, si os apetece, la consultéis con la almohada esta noche: ¿Qué nos esta impidiendo habitar nuestro propio silencio?
Fernando Camino
Director Creativo de Soulsight
