Estar presente no es estar conectado, ni ser puntual, ni tener la cámara encendida.
La presencia es una forma de compromiso. Una manera de habitar el tiempo con intención.
Una resistencia silenciosa a la velocidad, la multitarea, la superficialidad y las etiquetas.
En una época donde todo empuja a la dispersión —notificaciones, reuniones en cadena, producción sin pausa—, cultivar la presencia se convierte casi en un acto político. O, al menos, profundamente personal.
La presencia es una inteligencia que se entrena. Es la base para observar y entender la realidad y su complejidad para no caer en aproximaciones marcadas por la urgencia o tendencia relacionadas con lo efímero. Las empresas que logran estar verdaderamente presentes —en lo que hacen, en cómo lo hacen, en cómo escuchan— generan relaciones más sólidas, equipos más conscientes y decisiones más significativas.
Las empresas que saben estar presentes son aquellas que saben sintonizarse con el momento cultural, con los cambios sociales, con las preguntas que la época está formulando (incluso si no tienen respuesta).
Presencia no es reactividad. Es sintonía.
No es producir sin parar. Es saber parar para decidir con claridad.
Presencia es saber escuchar lo que no se dice.
Es atender lo sutil.
Es crear espacio para lo que emerge.
Simone Weil decía que «En su grado más alto la atención es lo mismo que la oración. Presupone la fe y el amor». Para ella, la atención profunda, sostenida y sin deseo de posesión, es la forma más alta de estar presente ante algo o alguien. Cuando uno se entrega totalmente a observar, escuchar o acompañar sin querer manipular ni resolver, está en un estado de apertura total.
Y esa apertura es, para Weil, la base de cualquier relación verdaderamente humana o espiritual. Es mirar al otro (o a una situación) con tanta entrega que se convierte en un acto de compasión, de conexión y de humildad. Esto es fundamental en entornos de liderazgo humano, creatividad o acompañamiento. “La atención es la forma más rara y pura de la generosidad” sostenía Weil, como una forma radical de apertura al otro. La presencia, desde su mirada, no es ocupación del espacio, sino disposición interior hacia lo vivo, lo humano, lo invisible.
Estar presente en tiempos de interpasividad
La filósofa Marina Garcés retoma el concepto de economía de la atención, acuñado por el economista Michael Goldhaber, para describir el escenario al que nos enfrentamos hoy: un entorno sobresaturado de información, donde lo escaso no es ya el conocimiento, sino nuestra capacidad para prestarle atención.
Y aquí ocurre algo inquietante. Lo que antes era ignorancia por falta de acceso, hoy es ignorancia por desbordamiento. Una nueva forma de no-saber: no porque no podamos informarnos, sino porque no somos capaces de procesar lo que ya sabemos y vemos.
Este exceso nos paraliza. Y esa parálisis nos convierte, según el análisis de Garcés y como diría el filósofo Robert Pfaller— en sujetos interpasivos: seres que delegan su capacidad de acción (y de pensamiento) en otros, en formatos, en algoritmos, en máquinas. Escuchamos los análisis que ya vienen hechos, repetimos los discursos de otros, compartimos ideas que no hemos digerido. Parecemos activos, pero en realidad nos limitamos a consumir pasivamente las formas de opinión precocinadas.
Y en este contexto, la presencia es un acto subversivo. Estar presente no es simplemente estar aquí y ahora. Es poder atender lo que merece atención. Es poder sostener la mirada, dar lugar a lo importante, discriminar lo relevante, resistir la tentación del scroll infinito. Es recuperar el poder de formarse una opinión propia, decidir y actuar.
Tal vez, en una era de ruido y sobreinformación, estar presente no sea un estado, sino un entrenamiento diario. Un gesto político. Una forma de resistencia.
Lo contrario de la presencia
Como consecuencia lo contrario de estar presente no es estar ausente. Es estar en automático. Respondiendo sin pensar. Repitiendo sin revisar. Actuando sin observar. Haciendo sin tener claro el sentido.
En las organizaciones, esta ausencia consciente se traduce en inercias, en falta de conexión con el contexto, en culturas que repiten sin renovarse y sin mirarse.
La presencia no es siempre calma o placer. A veces es quedarse cuando uno quiere huir. Es sostener lo incierto. Es no tener aún la respuesta y aun así estar abierto a acoger lo inesperado.
Presencia no es una técnica. Es una forma de estar vivos en lo que hacemos.
Y eso, en un mundo cada vez más automatizado, puede ser lo más humano —y estratégico— que una empresa puede cultivar.
Llegado a este punto del texto, normalmente, debería haber una gran conclusión.Una lista de claves para estar más presente (lo más obvio). Un cierre que abrace todo y te deje con buena cara. Pero no.
Estar presente también es esto: quedarse donde no hay cierre, sostener el hilo cuando no se ata, respirar en el hueco entre una idea y su materialización. Porque lo verdaderamente real —lo vivo, lo esencial— no siempre se deja capturar en forma de manual. Y quizás eso sea ya una forma de presencia: no huir del vértigo.
———
Floriana Petrosino
Estrategia, Narrativas y Contenidos en Soulsight
