«Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje». Así de contundente era el filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein para afirmar que solo podemos pensar en aquello que alcanzamos a saber nombrar con sentido. O dicho de otra manera, el lenguaje actúa como marco de quien pone palabras al mundo, de lo pensable para el sujeto, actúa como un corsé porque más allá de expresarnos, el lenguaje encuadra, aprieta y limita.
Entonces, ¿qué sentido tiene ponerle palabras al contexto en tiempos inciertos y frenéticamente cambiantes?
¿Qué buscamos al pararnos a leer el contexto cuando este esfuerzo ya parte de los límites del lenguaje y la mirada?
En 1987, la U.S. Army War College hizo este ejercicio de poner palabras al contexto bélico con el acrónimo VUCA (Volatility (Volátil), Uncertainty (Incierto), Complexity (Complejo), Ambiguity (Ambiguo)). Palabras que en la actualidad utilizamos para hablar de la sociedad aunque por entonces, la vida civil era distinta a la que conocemos. No andábamos pegados a un móvil y la vida digital era una ficción de las películas distópicas del momento. Sin embargo, a medida que la globalización ha ido avanzando este acrónimo fue siendo adoptado en otros ámbitos, como el de la economía y la empresa, para describir el marco contextual y mundial.
Quizás tiene todo el sentido que hayamos acogido un paradigma bélico para describir el mundo de entonces, porque la velocidad, complejidad e impacto de los cambios sociales y económicos que hemos ido viviendo sucesivamente, nos han embargado hasta el punto de sentir que vivimos una batalla tras otra.
Han tenido que pasar más de tres décadas y una de esas batallas que tuvo la capacidad de parar el mundo entero para hacernos la pregunta: ¿sigue vigente esta forma de describir la realidad tras una pandemia mundial?
En 2020, Jamais Cascio, antropólogo, historiador y politólogo se lanzó a evolucionar el paradigma VUCA en otro que describiera los tiempos contemporáneos con más precisión. El acrónimo que utilizó fue BANI (Brittle (Frágil), Anxious (Ansioso), Non-linear (No lineal) e Incomprehensible (Incomprensible)).
Lo frágil de nuestro contexto (Brittle) hace referencia a los sistemas que parecen robustos, pero la realidad manifiesta su inestabilidad o su potencial colapso, que deriva en un desorden sistémico. Ejemplos de ello son el apagón eléctrico que sufrimos en la Península Ibérica y el sur de Francia, el 28 de abril de 2025. Un día donde los servicios esenciales como el transporte, hospitales, aeropuertos se vieron gravemente afectados y cuyo coste nadie se atreve a enumerar.
Otro ejemplo invisible pero que amenaza a la economía digital son los continuos cortes que sufre Cloudflare desde el 2021 y que deja inaccesibles servicios digitales como Zoom, Notion, o de operadores como Movistar, por mencionar unos pocos.
La parte «ansiosa» de la ecuación BANI apela a la sensación de inseguridad en ámbitos como la salud (Covid-19), el acceso a la vivienda o el laboral, cuya inseguridad ha sido generada por los despidos masivos desde 2023 y en parte alimentada por el desarrollo de la Inteligencia Artificial.
En BANI, lo no-lineal es lo que termina rompiendo el corsé del esfuerzo en ponerle palabras a nuestro contexto. Se trata cuando no hay líneas claras entre causa y efecto, sino pequeños inputs que generan outputs desproporcionados. Ejemplo de ello fue la liberación de ChatGPT en 2022 o el colapso del mercado de las criptos, en el mismo año, a raíz de un tuit del fundador de FTX (plataforma de intercambio de criptomonedas).
El último lustro no deja lugar a dudas de que el contexto es Incomprensible (Incomprehensible), el último término de BANI. A todos nos vienen ejemplos de cuán inexplicable nos resulta lo que vivimos en varios niveles, político, social, cultural, tecnológico. Nada se escapa de la confusión y eso es precisamente lo que da respuesta a la cuestión con la que comenzaba este artículo.
Encorsetar la realidad mediante el lenguaje nos permite vivir con claridad, aunque sea por un instante fugaz en el que esa realidad cabe en las palabras. Pararse a leer el contexto como forma de supervivencia ante la cada vez mayor cantidad de toma de decisiones en las que nos vemos abocados a llevar a cabo porque lo macro impacta en lo micro y viceversa. O quizás, todo al mismo tiempo.
Por último, Jamais no se quedó en la exposición de un contexto hostil ante la anhelada búsqueda de tranquilidad del ser humano. También nos propuso una especie de receta para abordar la realidad BANI: la capacidad de resiliencia ante lo frágil; plena presencia para la ansiedad; capacidad de adaptación para lo no-lineal y mi favorita por ser una capacidad que no nos enseñaron a trabajar, pero cuyo momento llegó: la intuición, para mirar aquello que la razón no alcanza a comprender.
Sarah Santiago
Directora de Marketing de Soulsight
