Este artículo fue publicado originalmente en Medium, aquí.
Porque la cultura debe ser significada por la labor conceptual y activa de una artista… hay que asumir que el arte ayuda a construir un legado que relativiza la actual historia que nace de datos y eficientes aprendizajes. Sin duda el arte como apuntaba Lewis Mumford es el mejor reflejo de avance de una sociedad, en lo común y lo técnico. De hecho el arte expresa el desarrollo e innovación de una sociedad sin necesidad de atender al uso de sus máquinas, inventos… de sus tecnologías.
El arte y su capacidad de significar conocimiento abre un espectro de entendimiento diferente y particular que asume un reto enorme: contextualiza una toma de decisiones a futuro. A veces sin querer. Y lo hace sin excels, cibernética ni inteligencias artificiales. Al contrario, el arte lo alcanza desde eso que no se puede medir ni sintetizar en dilemas de ceros y unos: intuiciones, extrañamientos, improvisaciones, imaginación o algún desorden mental. Por eso mirar al arte es como dice la UNESCO atender a un proceso, un artefacto que provee a las sociedades de la riqueza de recursos que aprenden del pasado, crean en el ahora y además sirven de inspiración para el futuro de las siguientes generaciones.

Hacer arte ya no es solo una carrera repleta de obstáculos culturales, sociales, personales, económicos o políticos es una realidad que cada día implica a más y más gente. Usuarios como un público que se ve devenir artista casi como sin querer, de Manera inconsciente. Personas que sorprendentemente han recogido el testigo del arte performativo, documental, dramático, relacional y cinemático para convertirse en influencers, a veces de si mismas, y que tienen como desafío habitual crear. En un mundo con una navaja suiza digital sensorizada que permite la práctica artística en el bolsillo, los procesos artesanos han derivado en filtros y algoritmos personales que “parecen” ayudar la decisión creativa y permite a millones de humanos ejercer de artistas sin tan siquiera saberlo.
Es tan evidente la situación que sin quererlo un like cancela una idea despreciable porque hemos pasado del enchufado del periódico que era líder de opinión porque sí, a una masa de individuos que sin saberlo deciden una barbaridad: en estudios de mercado, comportamientos de compra, como participante en plataformas de publicidad social como X o comportándose como sensor. Un poder único en un momento sin parangón en el que compartir una frase, crear un cuadro o discutir en un hilo forma parte de la propia práctica artista contemporánea.

Siempre hay un pero… el piloto automático en este caso. Para las ejecutivas de empresas el “pero” sería ver cómo practican con descaro la vida kamikaze de la que hablaremos algún día ahora que lo phygital ya no es una tendencia. Para las usuarias-artistas el lienzo se ha vuelto bidireccional y performativo… los códigos se han simplificado pero atomizado como los MEMEs, la documentación audiovisual gana pero también la participación como CROWD sourcing o simplemente seguidora que da like o decide acudir a una exposición o seguir a otro personaje… que se ha transformado en avatar como práctica subconscientemente artística y que le cuenta su vida y se entretiene imaginando la suya. Ser creadoras. Como complemento a trabajadoras, amigas y ciudadanas comienza a ser una obligación, y es agotadora… ahí es donde hay que plantearse: ¿y si mejor nos volvemos artistas? Convertimos la Gran Renuncia en Data-as-a-Coin y nada de paga universales… ¡valor remunerado!
Sin duda el legado cultural tendrá que hacerse metaconsciente y servirá para ayudar a alcanzar mejores futuros y tomar decisiones más humanas. Bueno, igual sí tengo alguna duda… pero que todos devenimos artistas es un proceso que se confirma cada día. Vamos, te lo digo yo.
PD: Todas las imágenes, nacieron de varios motores de GEN IA, que es la prueba ineludible que empuja un futuro artístico necesario para el conjunto de la sociedad ///// PROMPT: «Users are becoming artists but they do not know, and to be an artist impacts in people’s future».
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Pedro Enríquez de Salamanca
Estrategia e Innovación
