¿A qué subirle el volumen?

¿A qué subirle el volumen? alegría consciente | liderazgo desde la alegría | elegir la alegría

Siempre tengo la mesilla de noche llena de libros. Los tres o cuatro que leo al mismo tiempo, sobre los que voy y vuelvo durante unas semanas hasta que llegan los siguientes. En los últimos meses hay uno que he decidido no mover: una guía que habla de muchas cosas y que tiene una aproximación sobre las emociones y, en especial, sobre la alegría con la que no puedo estar más de acuerdo. Me gusta porque me hace entender las emociones como energía y la alegría, especialmente, como impulso movilizador.

David R. Hawkins define la alegría en su libro Dejar ir como «un estado elevado de conciencia que surge del interior al soltar apegos y negatividad, no de circunstancias externas. Se cultiva mediante la gratitud, el amor incondicional y la decisión diaria de enfocar la mente en lo positivo».

Como tú, yo también he experimentado la alegría. Puedo recordar la sensación de ráfaga de viento igual que recuerdo después desear volver, aunque solo fuera mentalmente, a ese momento casi como a un oasis. En cambio, desde hace algún tiempo he cambiado mi perspectiva en relación a esta emoción. Antes la ubicaba fuera; creía que era algo que solo me podían traer los demás o lo demás, algo ajeno a mí, un momento en el que se alineaban los astros y la vida de alguna forma me sonreía.

Hace poco que me he dado cuenta de lo equivocada que estaba esperando a que me atravesase como «por arte de magia», y he comprendido la importancia que tiene, en la manera de vivir las emociones, nuestra capacidad de elección. Podemos elegir, pero eso en sí mismo implica una renuncia y, además, tomar decisiones requiere de atención y hay mucho ruido.

Ruido. Y es que, si las emociones tuvieran sonido, algunas de ellas serían suaves y armoniosas, pero otras, auténticos estruendos. En mi opinión, aquello que nos distrae de la capacidad que tenemos de elegir sobre lo que hacemos con lo que sentimos es precisamente el volumen que le otorgamos a cada emoción, y cuánto nos atrapa el mero hecho de que esté sonando, de estar sintiéndola.

Descubrir la alegría como algo que nace, crece y que puedes sostener dentro es elegir ver la vida desde otro prisma, dar paso a que otras cosas sucedan. Comprender nuestra capacidad de elección sobre lo que hacemos con lo que sentimos es abrirle la puerta a crear nuevas posibilidades, pintar otra realidad.

Es cierto que en algún momento de la vida todos eludimos responsabilidades, bien por desconocimiento, bien a conciencia. Nos escapamos como por un tobogán que aparentemente nos está acercando de forma sencilla a la salida… ¿miedo?, ¿cansancio?, ¿dejadez?

¿Y si dejamos de lado el tobogán?, ¿qué pasaría si hiciéramos un ejercicio consciente cada mañana? Un repaso como quien practica yoga para poner a punto el cuerpo antes de ir a trabajar… Seguro nuestra forma de actuar y estar en el mundo cambiaría y, por lo tanto, también lo haría todo lo que está a nuestro alrededor. Podemos llamar a eso trabajar en tu propia impronta. Pero no para otros, sino para uno mismo.

Hacer memoria corporal, alimentar una intención y aprovechar la plasticidad del cerebro para redirigir pensamientos, para dejar ir emociones. Elegir, por ejemplo, moverse desde la alegría y alimentar en uno mismo esa energía cada rato que se es consciente. Por supuesto, somos humanos y eso no sucede siempre; de ahí el reto: trabajar en tu impronta es recordar, volver una y otra vez las veces que sea necesario. Mantener ese volumen.

Habrá, sin duda, quien piense que esta actitud ante la vida puede ser de un positivismo absurdo. Yo misma me he descubierto ante esos pensamientos también en algún momento; ahora, en cambio, me resulta de lo más inteligente: ¿elegir la alegría? ¡Pues claro! Y eso que hay otras muchas emociones que pueden tener una recompensa más inmediata y cegadora, pero la alegría es difícil de sostener, especialmente cuando aún no estás familiarizado con la idea de que no es algo que tengas que esperar, sino que lo puedes entrenar. Como con la memoria muscular, en ese entrenamiento llega un momento en el que es ella quien se abre paso… ¡Et voilà, ahí su fuerza!

¿Positivismo absurdo, entonces? Decidir moverse desde la alegría no es contrario a reconocer también una visión del mundo que incluye crudeza, injusticia, hostilidad o complejidad. Solo que, al ser consciente de que la vida no es una cosa u otra, sino una cosa y la otra, puedes elegir a qué decides subirle el volumen. Te agencias.

Reducir la visión del mundo a cualquiera de los dos extremos (una visión positivista absurda o, por contraposición, el pensamiento pesimista tan común), me parece sesgar lo que es el mundo en su totalidad. Mi mirada también está sesgada, lo tengo claro, pero moverme desde la alegría me permite abandonar pensamientos que me estancan en callejones sin salida y eso ya me parece una pasada.

Pero entonces, ¿qué es la alegría? La pulsión que te lleva a aprender a contemplar la belleza de las cosas, a paladear cada instante, a abrirte a las personas, el deseo de vivir y el agradecimiento a estar vivo al mismo tiempo. Así enmarco yo a la alegría: entendernos y aceptarnos humanos y finitos, comprender la vida en su complejidad y decidir vivirla intensamente. La alegría es una decisión, una forma de vivir la vida.

«¿Quién sabe?, Dios dirá»… ¿cuántas veces has escuchado cómo dejamos nuestra vida en manos de algo o alguien? Hay quien habla del destino, el universo o de Dios… todos mis respetos hacia cualquiera de ellos. Lo que me hace pensar es cómo de alguna forma nos borramos de la ecuación. Nos disolvemos en el contexto como si no tuviéramos vela en nuestro propio entierro. Pero entonces… ¿quién pilota?, ¿alguien al mando?

Dar la vida por sentado. A veces me da la sensación de que las personas pensamos que estar vivos es algo que se nos ha otorgado por derecho y nos relacionamos con la vida como si este hecho nos ofreciese inmunidad, dando la vida por sentado. Vivimos adormilados. Como diría Mario Benedetti: «no vivas con desgana»… a lo que yo añadiría: y si lo haces, que al menos sea por elección.

 


Cristina Bucero
Directora del área de visión y cultura en Soulsight

Comparte:

Quizás te interese…