Una apuesta por el “cathedral thinking”

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El cathedral thinking hace referencia a la construcción de las catedrales en el medievo, cuando la norma era planificar su edificación con vistas a finalizarla 150 años después.

Encuentro de gran utilidad algunas de las funciones tecnológicas que van dirigidas a dotar de eficiencia la interacción en algunas plataformas digitales. Así, WhatsApp permite desde hace algún tiempo aumentar la velocidad de reproducción de los audios, algo muy práctico para escuchar los mensajes de voz de aquellas personas que a un ritmo natural se extienden hasta los tres minutos… ¿Quién no lo ha probado alguna vez? Es tentador, ayuda a gestionar de forma rápida los audios que se acumulan en el buzón.

Es importante recalcar estos avances, porque aunque invaden cada vez más la esfera privada, también nos pueden facilitar la vida. Por ejemplo: en las gestiones con la administración pública. ¡Quién viviera en Estonia para realizar trámites burocráticos que aquí ponen al límite la paciencia de los ciudadanos!

Pero claro no todo va a ser eficiencia y resolver las cuestiones ordinarias del día a día. También hay que ocuparse de lo que está por venir, y aquí ya la cosa se pone seria. Los expertos advierten que es necesario que los problem solvers del planeta (que cada uno se aferre a la referencia que más le inspire) dediquen tiempo y sosiego a dar respuesta a los desafíos más importantes a los que se enfrenta la humanidad. Alertan de que el enfoque cortoplacista va en detrimento, entre otras muchas cosas, de la lucha contra el cambio climático.

Por otro lado, también se reclama a los CEO de las empresas un enfoque de futuro. Hay estudios que demuestran que por no abordar estrategias que superen un cuatrimestre, se están dejando beneficios por el camino. Pan para hoy hambre para mañana. La mayor parte de las empresas busca ser relevante a largo plazo, mantener su contribución a la sociedad a través de varias generaciones, es decir, generar un legado. Si echamos la vista atrás, podemos verlo representado en marcas como Levi’s, Ikea o, aquí en España, Mahou. Un legado positivo, claro está, con una contribución de valor para la sociedad, no el tipo de herencia violenta que predica el personaje Phil Leotardo en la serie Los Soprano.

El cathedral thinking es un concepto de actualidad que se basa en una forma de actuar del pasado. Hace referencia a la construcción de las catedrales en el medievo, cuando la norma era planificar su edificación con vistas a finalizarla 150 años después. En definitiva, un plan de largo plazo, un proyecto que pone en marcha una persona y lo recogen varias generaciones después.

Esta forma de encarar un desafío debe trasladarse al ámbito de la empresa, que la persona al mando pueda dejar el testigo a otro visionario que continúe construyendo el legado, como si fuera una catedral. Todo el mundo recuerda a Steve Jobs, el fundador de Apple, considerado un gran visionario, pero cuando Tim Cook cogió el relevo, la compañía siguió creciendo enormemente. Amplió y diversificó su gama de productos y abanderó la seguridad de los usuarios en unos momentos en que la sociedad empezaba a ser consciente de los peligros de internet.

Ahora que ya ha pasado la polémica por el plan estratégico “España 2050” presentado por el Gobierno, quizás, con calma y perspectiva, deberíamos reflexionar sobre la importancia de plantear escenarios a largo plazo. Será lo que nos permita empezar a trabajar y diseñar respuestas lo suficientemente flexibles y relevantes para que en el futuro otros puedan coger el testigo, echar la vista atrás y pensar: llevamos años haciendo las cosas bien, porque teníamos un plan.

 

Santiago Fernández Michel
Estrategia e innovación en Soulsight
www.soulsight.es

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