La experiencia de lo complejo

compleja

ACF Type: wysiwyg

Snow Storm: Steam-Boat off a Harbour’s Mouth by J.M.W Turner

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La complejidad es el nombre que le hemos dado a un conflicto que es más humano que tecnológico.

Hemos acabado aplicando el adjetivo “complejo” a prácticamente todo. La complejidad ha sido el gran argumento de venta de las grandes tecnológicas durante muchos años. El big data, la inteligencia artificial, los ordenadores cuánticos, los algoritmos…, responden a la necesidad humana de poner orden, porque en un mundo donde la información disponible es “toda”, ordenar resulta una tarea agotadora e inabordable para un ser humano. Esta limitación humana, añade valor a la máquina.

La complejidad, en nuestro tiempo, ha dado forma a la paradoja de ser a la vez un síntoma de progreso y la causa de esa incertidumbre que no nos podemos permitir. Sin embargo, nuestra relación con la complejidad no se limita a lo cuantificable. La complejidad siempre ha estado cargada de belleza, de misterios por resolver y puede que más importante, siempre ha tenido la capacidad de aportar una dosis de humildad a la especie humana.

El progreso o el bienestar trata de crear un futuro deseable, lo que implica dar solución a necesidades individuales y también sociales. No queremos crear algo que nadie quiere, por muy innovador que sea. Tampoco deberíamos atender una necesidad social o individual que acabe generando un problema para el entorno o el planeta. Esto es complejo, todo está conectado y cada relación crea una pieza de información que representa una relación de interdependencia. Es evidente que la capacidad de recoger información de cada una de esas relaciones, no va a resolver la complejidad.

Los problemas no son provocados por la tecnología, en realidad la complejidad es el nombre que hemos puesto a un conflicto que es más humano que tecnológico. El problema con la complejidad comienza cuando no sabemos responder a ella. Necesitamos re-aprender a recoger y responder a la información de otra manera.

La complejidad es el nombre que le hemos dado a un conflicto que es más humano que tecnológico.

En realidad, nunca hemos tenido toda la información para empezar a trabajar y los tiempos en los que las personas tenían comportamientos rutinarios y la información disponible se podía procesar han pasado. Esto cambia radicalmente la forma en que tomamos decisiones y nos preparamos para crear el futuro.

Ahora bien, cuando pensamos en la información como lo que es, un recurso infinito e inabordable, nuestra manera de relacionarnos con la complejidad cambia. Ya no se trata de poner orden, se trata de prestar atención. –Entendiendo la atención como la sensibilidad humana enfocada en su entorno y como una actividad que se desarrolla en el largo plazo–.

Sin embargo, parece que hemos perdido esta capacidad, nos enfrentamos a un mundo complejo y acelerado como si no lo fuera. La complejidad no nos ha hecho más reflexivos, más bien lo contrario, reaccionamos al corto plazo y que nuestra mirada esté dispersa en la superficie de las cosas. En realidad es nuestra mirada la que nos impide entender lo que vemos y como consecuencia se merma nuestra capacidad de tomar decisiones.

Todos conocemos ejemplos de personas que se han aproximado a problemas complejos desde disciplinas como el arte, la antropología, la filosofía, la ciencia… Cuando Willian Turner se ató al mástil de un navío durante cuatro horas para entender la complejidad de una tormenta, no se dedicó a clasificar colores, texturas y formas, sino a sentir la tormenta en su conjunto… Franl Wilczek, premio Nobel de física, explicaba en una entrevista cómo buscar la belleza en sus formulas le ayudó a demostrar una de las fuerzas fundamentales del estado de la materia. A ambos, la sensibilidad les ayudo a encontrar orden en el caos.

Para ello, necesitaron una mirada emancipada del rigor de sus disciplinas, también lo suficientemente humilde como para permitir el descubrimiento y la superación de sus propias limitaciones. Prestar atención e integrarse en el entorno es una condición imprescindible para encontrar cierto orden. De alguna manera, podemos percibir y crear orden, a pesar de no disponer de toda la información.

Necesitamos añadir sensibilidad al dato.

Una mirada más abierta, relajada y contemplativa. Más parecida a la de un explorador, o a la de un niño recogiendo pistas para entender el mundo. También necesitamos confiar en lo que nuestra curiosidad acumula a nuestro alcance. No necesitamos más información, solo permitir que nuestra sensibilidad cubra los huecos.

Cambiar nuestra manera de relacionarnos con lo complejo, no quiere decir que la tecnología, los algoritmos y datos no nos ayuden a tomar decisiones, sino que son solo parte de nuestra capacidad de dar respuesta. La capacidad de una máquina de procesar información es limitada, y la sensibilidad humana es ilimitada. Necesitamos los datos para llevar a cabo procesos complicados, pero para lo complejo, lo desconocido, lo inabarcable y lo infinito necesitamos añadir sensibilidad al dato.

 

Manuel Vázquez
Estrategia e innovación en Soulsight
www.soulsight.es

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