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La diferencia natural

«La diferencia natural», por Eduardo Beotas

Photo by Rick Mason on Unsplash

La diferencia es una palabra que siempre ha estado en conflicto en mi pensamiento y en mis conversaciones. Hay ocasiones en las que la rechazo y otras en las que la admiro, esto es algo que no me pasa con ninguna otra palabra.

Para entenderme, y entender a los demás, he tenido que definir dos tipos de diferencia. La diferencia creada y la natural.

Está en conflicto porque en el mundo actual la creada es la que se admira y la natural la que se rechaza. Y esto es algo que creo que tenemos que cuestionarnos y revertir por nuestro propio bien como sociedad.

La “diferencia creada” se asocia principalmente al ámbito profesional, donde se está en permanente búsqueda de lo diferencial, único, algo que nos diferencie del resto. Es tal esa búsqueda que lo importante suele ser la diferencia, sin más, sin un valor claro, sólo por ser diferente vale y es bueno, cuando puede que esa diferencia creada no aporte valor y haga peor la propuesta, el servicio o el producto. De una manera sencilla podemos decir que la diferencia creada es buena por sí misma, está admitida, no se cuestiona, se presupone un pensamiento racional detrás que la valida y empodera.

Esta diferencia creada o buscada se aplica a todos los aspectos de nuestra vida, y es un término que sin un motivo noble crea desigualdad, distancia entre los seres humanos, entendiendo esa distancia como lo que nos separa a los unos de los otros. Lo podemos ver constantemente en nuestra sociedad a través de las posiciones y las posesiones, cómo la búsqueda de diferenciación desde el estatus, la riqueza y el poder crea cada vez más brecha social y desigualdad, en vez de aprovecharlo para unirnos y, aun así, seguimos buscándola y es símbolo de éxito y admiración.

Por el contrario, la “diferencia natural”, la que es intrínseca al ser humano, como la física o el pensamiento, suele generar rechazo, tanto en su origen como en su desarrollo.

Respecto a la diferencia natural en el aspecto y capacidades físicas, sea cual sea la escala, entramos en un tema de dignidad humana. Si entendemos que el ser humano es valioso por sí mismo, solo por el hecho de ser, aceptaremos la diferencia física como un valor único de cada ser humano, sin otorgarle un juicio que genere emociones al respecto. Aquí tenemos un largo recorrido que hacer como especie ya que el prejuicio, creencias y etiquetas trabajan y aumentan el rechazo a lo diferente frente a la aceptación y su potencial.

Pero la que más me interesa es la diferencia de pensamiento, ya que aquí radica el crecimiento y evolución como personas y sociedad.

Puede parecer que la diferencia de pensamiento está aceptada en la sociedad actual, pero en realidad hay un rechazo total (sociedad polarizada) o esta aceptación se hace desde una actitud pasiva (todo vale), y no desde el entendimiento y cuestionamiento que es el verdadero potencial de la diferencia.

De hecho, sentimos tanto rechazo que en el ámbito profesional hemos sustituido la palabra diferencia por diversidad, y no es lo mismo, la diversidad aplica más a sumar variedad, algo muy positivo, y la diferencia enfrenta reflexiones que te hacen crecer y cuestionarte.

Y aquí radica el problema, en el enfrentamiento, que además de necesitar tiempo y ser incómodo requiere de humildad, generosidad, apertura y respeto con los otros para aceptarlo y valorarlo.

No es fácil, ya que el pensamiento y sociedad actual trabajan más en un enfrentamiento de separación que de unión, pero es vital que veamos las virtudes de lo diferente para entender todo su potencial y crecer como sociedad.

Hay que recuperar la diferencia, la controversia y la oposición de pensamiento para profundizar en el propio, entender otras miradas y unirnos.

La diferencia natural es la riqueza que tenemos como seres humanos y lo que nos hace únicos en este mundo.

 

Eduardo Beotas
Socio fundador en Soulsight

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