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La belleza de la finitud y el liderazgo auténtico

La belleza de la finitud y el liderazgo auténtico

Foto de Jr Korpa en Unsplash

Belleza y finitud son dos fuerzas muy importantes en mi vida. La belleza me recuerda el sentido de lo que hago. Me invita a hacerme preguntas, me guía ante las continuas dificultades. Me reconforta a través de su claridad. Me da mucha paz.

La finitud, me conecta con mi vulnerabilidad, me recuerda que soy un ser en relación. Que estoy de paso, que la gente a la que quiero no es para siempre. Que la vida es tan fugaz que crear belleza es necesario, imprescindible, urgente.

La vida me ha hecho comprender que ambas realidades necesariamente dialogan, y que lo hacen a diario, aunque no seamos capaces de verlo. Que como todo lo que nos rodea está en relación.

Que reconciliarte con la finitud, nos puede conducir a tener la tranquilidad de que nuestro paso por lo que algunos llaman «suspiro» contribuirá de alguna manera a dejar una huella amable. A que podamos sentir que el viaje, como decía el poeta Kavafis, ha merecido la pena independientemente de que hallemos pobre a Ítaca, porque todo tendrá sentido.

La finitud nos regala entre otras muchas cosas el testimonio de una vida y, lo que es más especial, el concepto de eternidad. Consigue que algunas personas puedan seguir acompañándonos en nuestros corazones para siempre.

De hecho, hoy puedo constatar por propia experiencia que esas personas cuyo legado consideramos eterno, ha sido motor para cada uno de nosotros. Todos, también me aventuro a asegurar, hemos tenido esa tremenda suerte. Y no hablo sólo de familiares, amigos o personas cercanas.

El concepto de eternidad es tan sublime que incluso aún no habiendo conocido a esas personas como, por ejemplo, escritores, artistas, poetas, aventureros, empresarios, líderes, jardineros… han podido dejar un legado en nosotros. Como el maravilloso Aquiles, que cobra vida en cada una de las intervenciones de Marina Solis, nuestra profe de literatura clásica en Wander.

La finitud como motor de la humanidad. La finitud como motor de belleza.

Comparto estas reflexiones porque desde hace mucho tiempo nos hemos propuesto hablar de lo que no tiene espacio en el mundo de la empresa. De lo que no se enseña en las escuelas de negocio y liderazgo. Conversar sobre aquello que nos define y que tenemos relegado a otros ámbitos de nuestra vida.

De esos conceptos que todos conocemos pero que apenas reparamos en ellos hasta que algo sucede, cambia, se transforma, te interpela. Somos unos fieles convencidos que es de vital importancia que lo invisible se haga visible. Que lo humano recupere su lugar. Que aprendamos a mirar. Que exploremos nuestra naturaleza sin miedo. Que cultivemos nuestra sensibilidad. Porque en ella reside, está y encontramos nuestro infinito potencial. Nuestras posibilidades. Para nosotros y también para nuestro negocio. Aunque todavía no seamos lo suficientemente sabios y sigamos separando ambas parcelas.

Pero no solo queremos hablar, en Wander también te damos la oportunidad de que tú te acerques a lo humano de manera radical, para indagar y ver su valor en el ámbito empresarial. Para que descubras cómo reflexionando con temas como este de la belleza y la finitud tu liderazgo puede desplegarse hacia otros lugares que desconocías. Sin fórmulas mágicas que todo lo reducen y simplifican. Al contrario, queremos que te conviertas en artista de tu propia de vida, de su complejidad y en un líder humano, valiente y auténtico.

Reflexionar sobre nuestra muerte es reflexionar sobre nuestra vida.

La muerte, nos guste o nos disguste, es una dimensión de nuestra naturaleza. Comprenderla, como nos invitan los estoicos, nos ayuda a trabajar para lo mejor y a estar preparado para lo peor. Verla con naturalidad y agradecimiento no evita el sufrimiento y el dolor, pero marca una diferencia para el crecimiento, el aprendizaje, y la evolución de nuestras conciencias como personas y como líderes.

La filosofía aquí tiene un papel fundamental. El papel de indagar y explorar sobre lo humano. De ayudarnos a comprendernos como personas. A ser capaces de desplegar ese liderazgo humanista tan necesario, en una sociedad donde la balanza está descompasada hacia el lado de la tecnología, lo utililitarista, lo instrumental…

Heidegger, uno de los filósofos existencialistas más importante del siglo XX, es uno de los pensadores que ha reflexionado sobre la consciencia de la finitud del hombre. Él lo tenía claro. La vida inauténtica es aquella que no es consciente de su mortalidad. Hasta el punto de que repetir las ideas y opiniones de otros sin una reflexión previa significa «estar siendo hablado». «Vivir así es vivir en exterioridad».

Ahora que el liderazgo auténtico está de moda, sería un buen momento para profundizar y no quedarnos en la superficie. Un buen momento para ser radicales, como hablamos tantas veces en Wander. Para atrevernos a ir a la raíz, a comprender de qué estamos hablando cuando queremos liderar desde la autenticidad.

¿De verdad nos importa tener un pensamiento propio y auténtico?

¿Cultivamos una forma de pensar de manera genuina y original, sin miedo a lo que esperen o piensen los demás?, ¿somos conscientes de que nuestra vida sólo la podemos vivir nosotros?, ¿es quizás nuestra relación con la finitud la que esté marcando la calidad de nuestras ideas y el valor que le damos a la autenticidad?

Su propuesta me parece maravillosa, necesaria y muy contemporánea. Que cada uno de nosotros tengamos un pensamiento propio y auténtico pasa por ser conscientes y abrazar la muerte. La finitud como una invitación a llevar una vida auténtica, una vida verdadera. Finitud y autenticidad. Muerte y verdad.

Pensar duele, por eso, probablemente, nos cueste tanto vivir una vida guiada por nosotros mismos, por la virtud. Queremos evitar el sufrimiento a toda costa. No pensar nos lleva a dejar guiarnos por la masa, por el qué dirán, por el atajo de la mediocridad.

La cultura, las creencias, la educación, el mundo que nos ha tocado vivir, condicionan nuestra forma de pensar. Soy consciente. Pero también soy consciente de que «somos libres» y que para vivir una vida buena nos tiene que guiar la verdad. Esa virtud tan clave por muy denostada que este en la actualidad.

Tenemos que viajar a nuestra interioridad.

La verdad es un melonazo. Por eso el viaje como también nos dice Heidegger no es hacia fuera, es hacia uno mismo. Ir a los lugares más recónditos de nuestro ser. Destapar e integrar nuestras sombras. Elegir la verdad, gracias a esa angustia que produce la experiencia de la nada, del vacío, de la muerte.

Tomar decisiones sabiendo que nuestra vida es única, que sólo la podemos vivir nosotros, que nadie puede morir por él, que en cualquier momento se acaba, que además de ser efímera, puede ser el último día.

Que liderar de forma auténtica no va de cursos, va de conectar con nuestra esencia, de tomar consciencia de nuestra mortalidad, de hacernos responsables de nuestro pensamiento, de tomar nuestras propias decisiones. De vivir en interioridad.

Elegir la verdad. Elegir la poética.

La muerte, dice Octavio Paz, ilumina nuestras vidas. Por eso cualquier culto a la vida, si es verdaderamente profundo, es también un culto a la muerte. Y afirma categórico que una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida.

Tomar consciencia de esta realidad es comprender nuestro tiempo. Uno de los síntomas de la decadencia en la que vivimos. De por qué nuestra creatividad se ha estancando. De por qué el «ser» ya no es importante. De por qué hemos dejado de buscar la verdad. De por qué hemos endiosado a la tecnología.

Ante esta realidad hay alternativa, Vivir de manera auténtica para liberar nuestra creatividad. Ahí, donde te sientes profundamente conectado con la verdad, surge la poética de la vida, la que nos empuja hacia la creación, la invención, la experimentación más humana. La que se preocupa, como nos anuncia Heidegger, de participar en un proceso de autocreación y un retorno más genuino al ser.

Quizá esta idea loca de recuperar las humanidades e integrarlas con el negocio no sea tan loca. Quizá este 2024 veamos en la poesía, en el arte, en la literatura, en la filosofía, en la física, en la historia, una ventana imprescindible desde la que asomarse al mundo para ampliar nuestra mirada, completamente reducida y sesgada por la técnica.

Quizá leamos más a Heidegger y a Octavio Paz, aunque sea en ChatGPT, y comprendamos que integrar, relacionar, conectar, unir… son conceptos críticos e indispensables si queremos vivir con profundidad, con hondura. Si queremos vivir una vida auténtica.

Epitafio

Aquí yace el polvo de un cuerpo,
que fue un río de vida.
Sus pensamientos fluyeron como versos,
y su voz se hizo eco en el viento.

Que su espíritu encuentre descanso,
en el abrazo eterno de la naturaleza.
Y que su legado perdure,
en la memoria de los que le amaron.

Octavio Paz

Nota: El texto que acabas de leer no persigue sentar cátedra, soy consciente de la dificultad y los matices de un tema tan apasionante como el aquí descrito. Comparto mis reflexiones incompletas e inexactas con el objetivo de ser fiel al camino que emprendí hace años buscando el conocimiento y la verdad. Estaré feliz de recibir tus comentarios, aportaciones y críticas para acercarme a mi destino. Aún así, espero que lo disfrutes. Feliz Vida.

 

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Carmen Bustos
Socia cofundadora de Soulsight

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