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El faro que alumbra un mundo de posibilidades no exploradas por el éxito

El faro que alumbra un mundo de posibilidades no exploradas por el éxito, por Juan Martino

Photo by Sonia Dauer on Unsplash

El fracaso es una construcción social y cultural que depende del contexto en que se produce y de las normas y valores que lo definen.

El fracaso es un fenómeno complejo, multidimensional y universal que puede ser analizado desde diferentes disciplinas. Según el filósofo Byung-Chul Han, vivimos en una época de «positividad» que niega el conflicto, el dolor y el fracaso, y que nos impone una presión constante por el rendimiento, el éxito y la felicidad. Por tanto, podemos definir hoy el fracaso como el sentimiento negativo ante una expectativa no cumplida, impuesta por nosotros mismos o por nuestro entorno social, y fuertemente influenciado por esa obsesión por el rendimiento y la consecución del éxito.

Desde la perspectiva anatómica, el fracaso activa el sistema límbico, la parte del cerebro encargada de las emociones, el aprendizaje y la memoria, provocando una respuesta emocional de estrés, frustración, tristeza, vergüenza o culpa. Estas emociones afectan por tanto a nuestro estado de ánimo, nuestra autoestima y nuestra motivación. Pero también activa la corteza prefrontal, la parte del cerebro responsable del pensamiento racional, la planificación y la toma de decisiones. El fracaso nos hace reflexionar sobre nuestros errores, nuestras causas y nuestras consecuencias y nos invita a evaluar nuestras opciones, nuestras estrategias y nuestros recursos.

De hecho, el fracaso es una construcción social y cultural que depende del contexto en que se produce y de las normas y valores que lo definen. No hay una única forma de entender y afrontarlo, sino que existen diversas perspectivas culturales que lo interpretan y lo valoran de manera diferente. En algunas culturas occidentales, como la nuestra, se considera una amenaza, un estigma y una vergüenza y se trata de negar y ocultar, más centrado en lo que provoca en nuestro sistema límbico. En cambio, en algunas culturas orientales, como la japonesa o la china, se considera una oportunidad de aprendizaje, de mejora y de superación, más relacionado con la corteza prefrontal. El fracaso se asume con humildad, responsabilidad y perseverancia y se ve como un paso necesario para alcanzar el éxito.

De hecho, la historia nos demuestra que el fracaso ha sido el motor de muchos grandes exploradores y científicos de la humanidad, que han sabido aprovechar sus errores, sus dificultades y sus desafíos para avanzar en el progreso de la humanidad.

Cristóbal Colón fracasó en 1492 en su objetivo inicial de encontrar una nueva ruta hacia las Indias Orientales, pero fue un éxito en su consecuencia imprevista de descubrir un nuevo continente. Al igual que el viaje de James Cook en su intento final de encontrar el paso del Noroeste, pero fue un éxito en su aportación científica y geográfica al explorar y cartografiar gran parte del Pacífico. El experimento de Fleming fracasó en su cultivo bacteriano al contaminarse con un hongo, pero fue un aprendizaje crucial para el descubrimiento posterior de la penicilina. Edison lo evidencia en la famosa frase de “No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”. Con esa actitud nació el concepto de prototipo, que lleva la intención de fracaso a la máxima expresión: fracasar frecuentemente, fracasar rápido, fracasar barato para, como dice el escritor John C. Maxwell, para fracasar siempre hacia delante en una aproximación iterativa basada en el aprendizaje del error. El inventor británico Sir James Dyson es uno de los máximos exponentes de esta corriente de pensamiento y que le llevó a construir 5127 prototipos y 5 años de trabajo para crear el DC01, la primera aspiradora sin bolsa. Hoy en día, metodologías de negocio tan sonadas como Lean Startup, se fundamentan en ello.

Por tanto, con una actitud esperanzadora emanada de la corteza frontal de nuestro cerebro, el fracaso puede ser una fuente de creatividad, de innovación y de transformación. Eso implica que en lugar de negarlo o reprimirlo, debemos aceptarlo y asumirlo. En lugar de juzgarnos o castigarnos por él, debemos comprenderlo y perdonarnos. En lugar de aislarnos o rendirnos por él, debemos compartirlo y superarlo. En lugar de verlo como un obstáculo o un final, debemos verlo como una oportunidad o un comienzo.

El fracaso es una realidad inevitable para el ser humano, pero es prueba de nuestra curiosidad, nuestra creatividad y nuestra libertad. El fracaso es el faro que nos marca nuestros límites, nos ayuda a conocer mejor nuestra realidad y por tanto a abrirnos a un mundo de posibilidades no exploradas por el éxito.

 

Juan Martino
Escuela Wander

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